El “estado de sitio” daba la impresión de una ciudad o región sitiada a la usanza antigua, con soldados trepando muros a través de sogas o escaleras, o utilizando las catapultas que lanzaban enormes pedrones como balas de cañón, o con plataformas de tablas que se arrimaban a las murallas y permitían a los acosadores saltar dentro de las fortalezas para luchar cuerpo a cuerpo. Los avasallados se defendían eficazmente con flecheros desde las almenas, fosos profundos en derredor de los muros, lanzando piedras o vaciando aceite hirviente a los enemigos. La astucia también hizo que ciudades magníficamente defendidas como Troya fueran tomadas por el ingenio de Ulises y el inmenso caballo de madera, lleno de soldados aqueos en su vientre, que en la noche se descolgaron y abrieron las puertas de la ciudad a los invasores que la incendiaron y pasaron a cuchillo a los troyanos.
Las fortalezas antiguas se rendían al sitio, mayormente, por hambre y sed. El ejército acosador cercaba la ciudad amurallada y si encontraba una resistencia muy grande, instalaba sus tiendas de campaña alrededor, cortaba todo caudal de agua, no dejaba pasar ningún alimento, y esperaba. Podía esperar semanas, meses y hasta años. El hambre en las ciudades asediadas hizo que se llegara hasta el canibalismo, como fue Numancia en la antigüedad y Leningrado en la época contemporánea. Antes, Jerusalén, Constantinopla y Viena, fueron ejemplos de cercos inclementes.
En América, La Paz fue cercada en 1781 por Túpac Katari, durante seis meses. Sin murallas que asaltar los aimaras cortaron las aguas de los riachuelos paceños y no permitieron el ingreso de alimento. Lanzaban piedras desde los cerros y acosaban todos los días. El cerco fue tan drástico que muchísimas personas murieron de hambre y la ciudad sobrevivió por la ayuda de tropas que la socorrieron y el valor de sus defensores.
La ciudad de La Paz, como sede de Gobierno, sabe de cercos porque todos los reclamos se dirigen a quien gobierna y ese es el presidente de la República. Ahora está soportando un salvaje e injusto asedio de casi un mes mediante el bloqueo de caminos, cuando se ha cortado todo acceso por tierra a la urbe, lo que significa que no llegan a los mercados ni la carne ni las verduras ni los lácteos ni combustibles ni tan siquiera el oxígeno para los enfermos. Para colmo, quienes asedian bajan hasta la urbe que está en una inmensa “hoyada” rodeada de cerros nevados y cometen las peores tropelías y desmanes, mientras la población prefiere evitarlos.
El “estado de sitio” ha sido frecuente en Bolivia, precisamente por los enfrentamientos de políticos que buscaban el poder. Con esa medida se suspenden las garantías constitucionales. Solo se aplica cuando existe conmoción interna, guerra internacional, o catástrofes. En estos momentos existen las revueltas, bloqueos, y los saqueos de comercios, pero, lo más importante, es que se está exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz, que no lleva todavía seis meses en el mando. Exigir la renuncia del presidente es una rebelión manifiesta y para evitarlo está el “estado de sitio”, que suprime temporalmente las garantías constitucionales.
Como el “estado de sitio”, suena mal en la opinión interna y externa por lo que significa históricamente el sitio a una ciudad o a un país, ahora se menciona el “estado de excepción”, que, en el fondo, es lo mismo. Pues bien, los rebeldes que obedecen órdenes desde el Chapare y que están infiltrados por todas partes, no quieren que se dicte el “estado de excepción” de ninguna manera y el gobierno se está dando cuenta recién, que sin un “estado de excepción”, puede ser derrocado.
Quienes tienen a La Paz sin comida ni combustible, los que cercan caminos en Santa Cruz y Cochabamba, son los que buscan la caída de Rodrigo Paz. El gobierno tiene como defenderse sin romper la Constitución y eso es a través del “estado de excepción”, una vez que la situación se ha tornado insostenible y las huestes masistas (niegan ser de Evo) piden voz en cuello por calles y plazas la renuncia del primer mandatario.
¿Cuál es el peligro? Ya lo hemos advertido en más de una ocasión. Que, a falta de militares leales y obedientes a la ley, que defiendan el orden público, sean los civiles los que lo hagan con las consecuencias que se pueden esperar. Van a actuar, para no morir de hambre, los que se ven perjudicados por estos trogloditas que, con sus bloqueos, paralizan Bolivia.
La entrada Estado de sitio o de excepción se publicó primero en El Diario – Bolivia.
El “estado de sitio” daba la impresión de una ciudad o región sitiada a la usanza antigua, con soldados trepando muros a través de sogas o escaleras, o utilizando las catapultas que lanzaban enormes pedrones como balas de cañón, o con plataformas de tablas que se arrimaban a las murallas y permitían a los acosadores
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El “estado de sitio” daba la impresión de una ciudad o región sitiada a la usanza antigua, con soldados trepando muros a través de sogas o escaleras, o utilizando las catapultas que lanzaban enormes pedrones como balas de cañón, o con plataformas de tablas que se arrimaban a las murallas y permitían a los acosadores saltar dentro de las fortalezas para luchar cuerpo a cuerpo. Los avasallados se defendían eficazmente con flecheros desde las almenas, fosos profundos en derredor de los muros, lanzando piedras o vaciando aceite hirviente a los enemigos. La astucia también hizo que ciudades magníficamente defendidas como Troya fueran tomadas por el ingenio de Ulises y el inmenso caballo de madera, lleno de soldados aqueos en su vientre, que en la noche se descolgaron y abrieron las puertas de la ciudad a los invasores que la incendiaron y pasaron a cuchillo a los troyanos.
Las fortalezas antiguas se rendían al sitio, mayormente, por hambre y sed. El ejército acosador cercaba la ciudad amurallada y si encontraba una resistencia muy grande, instalaba sus tiendas de campaña alrededor, cortaba todo caudal de agua, no dejaba pasar ningún alimento, y esperaba. Podía esperar semanas, meses y hasta años. El hambre en las ciudades asediadas hizo que se llegara hasta el canibalismo, como fue Numancia en la antigüedad y Leningrado en la época contemporánea. Antes, Jerusalén, Constantinopla y Viena, fueron ejemplos de cercos inclementes.
En América, La Paz fue cercada en 1781 por Túpac Katari, durante seis meses. Sin murallas que asaltar los aimaras cortaron las aguas de los riachuelos paceños y no permitieron el ingreso de alimento. Lanzaban piedras desde los cerros y acosaban todos los días. El cerco fue tan drástico que muchísimas personas murieron de hambre y la ciudad sobrevivió por la ayuda de tropas que la socorrieron y el valor de sus defensores.
La ciudad de La Paz, como sede de Gobierno, sabe de cercos porque todos los reclamos se dirigen a quien gobierna y ese es el presidente de la República. Ahora está soportando un salvaje e injusto asedio de casi un mes mediante el bloqueo de caminos, cuando se ha cortado todo acceso por tierra a la urbe, lo que significa que no llegan a los mercados ni la carne ni las verduras ni los lácteos ni combustibles ni tan siquiera el oxígeno para los enfermos. Para colmo, quienes asedian bajan hasta la urbe que está en una inmensa “hoyada” rodeada de cerros nevados y cometen las peores tropelías y desmanes, mientras la población prefiere evitarlos.
El “estado de sitio” ha sido frecuente en Bolivia, precisamente por los enfrentamientos de políticos que buscaban el poder. Con esa medida se suspenden las garantías constitucionales. Solo se aplica cuando existe conmoción interna, guerra internacional, o catástrofes. En estos momentos existen las revueltas, bloqueos, y los saqueos de comercios, pero, lo más importante, es que se está exigiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz, que no lleva todavía seis meses en el mando. Exigir la renuncia del presidente es una rebelión manifiesta y para evitarlo está el “estado de sitio”, que suprime temporalmente las garantías constitucionales.
Como el “estado de sitio”, suena mal en la opinión interna y externa por lo que significa históricamente el sitio a una ciudad o a un país, ahora se menciona el “estado de excepción”, que, en el fondo, es lo mismo. Pues bien, los rebeldes que obedecen órdenes desde el Chapare y que están infiltrados por todas partes, no quieren que se dicte el “estado de excepción” de ninguna manera y el gobierno se está dando cuenta recién, que sin un “estado de excepción”, puede ser derrocado.
Quienes tienen a La Paz sin comida ni combustible, los que cercan caminos en Santa Cruz y Cochabamba, son los que buscan la caída de Rodrigo Paz. El gobierno tiene como defenderse sin romper la Constitución y eso es a través del “estado de excepción”, una vez que la situación se ha tornado insostenible y las huestes masistas (niegan ser de Evo) piden voz en cuello por calles y plazas la renuncia del primer mandatario.
¿Cuál es el peligro? Ya lo hemos advertido en más de una ocasión. Que, a falta de militares leales y obedientes a la ley, que defiendan el orden público, sean los civiles los que lo hagan con las consecuencias que se pueden esperar. Van a actuar, para no morir de hambre, los que se ven perjudicados por estos trogloditas que, con sus bloqueos, paralizan Bolivia.
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