El viejo estadio “Orlando Quiroga”, cuando no tenía graderías y la gente se apostaba en las malezas que rodeaban el campo de juego, fueron testigos de las proezas deportivas que Carlos Iturri Arias desplegó en los partidos de fútbol con la casaca de la selección de Caranavi y con la de los equipos en que jugó.
Era veloz, hábil y dueño de una zurda prodigiosa con la que hacía estragos en la punta izquierda, en la que era prácticamente imparable, no se lo podía frenar, por eso a veces sus rivales apelaban a la pierna fuerte para frenarlo.
Nació un 4 de octubre de 1952 en la población de Ayata, en la provincia Muñecas.
A sus 8 años llegó a Caranavi, donde creció, se formó como persona y deportista y la llevó en el corazón hasta sus últimos días.
Era una persona que desde pequeño siempre fue apegado al deporte y también a la disciplina. “Era muy sano, no consumía bebidas alcohólicas ni cosas malas”, afirma Guillermo Jemio, un amigo de Caranavi, quien lo recuerda con nostalgia y cariño.
“Desde pequeño destacó y fue parte de la década de oro del fútbol y deporte caranaveño, en los 70 y 80 en que jugó con una camada de jugadores que igual trascendieron, tal el caso de Osvaldo Claros, el popular Moquillo, José Luis Mustieles, el ‘Gringo’, Freddy Medrano, los hermanos Takata, Kety, Corisa, grandes jugadores, al igual que Gregorio Melnick, Jorge Gois de Lira, Federico Pozo, Demetrio Nina, quienes mostraron su fútbol con él en Caranavi y toda la región”, señala con emoción Jemio quien recuerda las tardes de domingo en el estadio Orlando Quiroga, cuando “se demostraba todo en la cancha, no se tenía el estadio como el que ahora se tiene, se jugaba a la interperie pero había grandes jugadores que incluso llegaron al profesionalismo”.
Iturri jugó en Estudiantes, Municipal, Coral, Bolívar, entre algunos clubes, también fue por muchos años seleccionado de Caranavi donde dio que hablar, sobre todo en los Interyungueños, y, en la división profesional, tuvo la oportunidad de militar en Municipal de La Paz. Eran las épocas en que no se daba las condiciones en el fútbol profesional, por eso es que decidió volver a Caranavi para continuar con su vida cotidiana y deportiva.
No sólo destacó en el fútbol sino también en el basquetbol, en el que a pesar de su corta estatura también fue un jugador desequilibrante.
“Es un jugador que ha marcado huella e hizo historia en Caranavi, sobre todo en el fútbol pero también en otros deportes, como el basquetbol”, recuerda Jemio.
A sus 18 años hizo su servicio militar en el destacamento agropecuario 2 asentado en Caranavi, en la Fuerza Aérea. Posteriormente, contrajo nupcias con Norma Gamez Laura con la cual tuvo tres hijos: Ivonne, Edson y Hebert; luego, en su segundo matrimonio tuvo a dos hijos más: Ericka y Aneliz; y además, es abuelbo, sus nietos son: Carolina, Ronald, Fabiana, Victoria, Katerín, Luciana, Escarlet y Yeicob.
También trabajó por muchos años con los padres franciscanos en Caranavi, luego por motivos laborales se fue a Cochabamba donde trabajó en instituciones públicas, ciudad en la que finalmente radicó y falleció.
Hace dos años visitó de nuevo a Caranavi, “siempre con esa amabilidad, sonrisa, amistad y se nos fue un 21 de febrero de este año”, comentó con la voz entrecortada Jemio.
En esa oportunidad fue homenajeado como Gran Deportista Caranaveño y con la medalla “Ramiro Revuelta” por el Club Social Caranaveños de siempre.
Hoy, cuando finaliza febrero, Caranavi y toda la región, y quienes vieron sus proezas deportivas lo recuerdan con cariño, le rinden su homenaje y le dicen “QEPD y que goces de la gloria de Dios Carlos Iturri Arias”.
La entrada CARLOS ITURRI ARIAS: Un ícono del deporte y fútbol caranaveño se publicó primero en El Diario – Bolivia.
El viejo estadio “Orlando Quiroga”, cuando no tenía graderías y la gente se apostaba en las malezas que rodeaban el campo de juego, fueron testigos de las proezas deportivas que Carlos Iturri Arias desplegó en los partidos de fútbol con la casaca de la selección de Caranavi y con la de los equipos en que
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El viejo estadio “Orlando Quiroga”, cuando no tenía graderías y la gente se apostaba en las malezas que rodeaban el campo de juego, fueron testigos de las proezas deportivas que Carlos Iturri Arias desplegó en los partidos de fútbol con la casaca de la selección de Caranavi y con la de los equipos en que jugó.
Era veloz, hábil y dueño de una zurda prodigiosa con la que hacía estragos en la punta izquierda, en la que era prácticamente imparable, no se lo podía frenar, por eso a veces sus rivales apelaban a la pierna fuerte para frenarlo.
Nació un 4 de octubre de 1952 en la población de Ayata, en la provincia Muñecas.
A sus 8 años llegó a Caranavi, donde creció, se formó como persona y deportista y la llevó en el corazón hasta sus últimos días.
Era una persona que desde pequeño siempre fue apegado al deporte y también a la disciplina. “Era muy sano, no consumía bebidas alcohólicas ni cosas malas”, afirma Guillermo Jemio, un amigo de Caranavi, quien lo recuerda con nostalgia y cariño.
“Desde pequeño destacó y fue parte de la década de oro del fútbol y deporte caranaveño, en los 70 y 80 en que jugó con una camada de jugadores que igual trascendieron, tal el caso de Osvaldo Claros, el popular Moquillo, José Luis Mustieles, el ‘Gringo’, Freddy Medrano, los hermanos Takata, Kety, Corisa, grandes jugadores, al igual que Gregorio Melnick, Jorge Gois de Lira, Federico Pozo, Demetrio Nina, quienes mostraron su fútbol con él en Caranavi y toda la región”, señala con emoción Jemio quien recuerda las tardes de domingo en el estadio Orlando Quiroga, cuando “se demostraba todo en la cancha, no se tenía el estadio como el que ahora se tiene, se jugaba a la interperie pero había grandes jugadores que incluso llegaron al profesionalismo”.
Iturri jugó en Estudiantes, Municipal, Coral, Bolívar, entre algunos clubes, también fue por muchos años seleccionado de Caranavi donde dio que hablar, sobre todo en los Interyungueños, y, en la división profesional, tuvo la oportunidad de militar en Municipal de La Paz. Eran las épocas en que no se daba las condiciones en el fútbol profesional, por eso es que decidió volver a Caranavi para continuar con su vida cotidiana y deportiva.
No sólo destacó en el fútbol sino también en el basquetbol, en el que a pesar de su corta estatura también fue un jugador desequilibrante.
“Es un jugador que ha marcado huella e hizo historia en Caranavi, sobre todo en el fútbol pero también en otros deportes, como el basquetbol”, recuerda Jemio.
A sus 18 años hizo su servicio militar en el destacamento agropecuario 2 asentado en Caranavi, en la Fuerza Aérea. Posteriormente, contrajo nupcias con Norma Gamez Laura con la cual tuvo tres hijos: Ivonne, Edson y Hebert; luego, en su segundo matrimonio tuvo a dos hijos más: Ericka y Aneliz; y además, es abuelbo, sus nietos son: Carolina, Ronald, Fabiana, Victoria, Katerín, Luciana, Escarlet y Yeicob.
También trabajó por muchos años con los padres franciscanos en Caranavi, luego por motivos laborales se fue a Cochabamba donde trabajó en instituciones públicas, ciudad en la que finalmente radicó y falleció.
Hace dos años visitó de nuevo a Caranavi, “siempre con esa amabilidad, sonrisa, amistad y se nos fue un 21 de febrero de este año”, comentó con la voz entrecortada Jemio.
En esa oportunidad fue homenajeado como Gran Deportista Caranaveño y con la medalla “Ramiro Revuelta” por el Club Social Caranaveños de siempre.
Hoy, cuando finaliza febrero, Caranavi y toda la región, y quienes vieron sus proezas deportivas lo recuerdan con cariño, le rinden su homenaje y le dicen “QEPD y que goces de la gloria de Dios Carlos Iturri Arias”.
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